Un descubrimiento arqueológico en el sur de Siberia ha revelado que los antiguos pueblos escitas ya utilizaban cannabis por sus efectos psicoactivos hace casi 3.000 años. Los investigadores encontraron más de 1.400 semillas de esta planta y restos de sustancias relacionadas con el THC en cabello humano conservado en una tumba funeraria.
El consumo de cannabis no es una práctica exclusiva de la sociedad moderna. Un sorprendente descubrimiento arqueológico realizado en el sur de Siberia ha permitido retroceder casi tres milenios en la historia del uso de esta planta con fines psicoactivos. Un equipo internacional de investigadores ha encontrado evidencias químicas de consumo de cannabis en restos humanos procedentes de una antigua tumba escita de aproximadamente 2.800 años de antigüedad.
El hallazgo, publicado en noviembre de 2026 en la prestigiosa revista científica Science, aporta la evidencia arqueológica directamente fechada más antigua conocida hasta ahora del uso del cannabis por sus efectos intoxicantes.
La investigación resulta especialmente interesante porque no se basa únicamente en la aparición de semillas de cáñamo en un enterramiento. Los científicos también analizaron muestras de cabello humano preservado y detectaron compuestos químicos relacionados con el cannabis, una prueba que permite relacionar la presencia de la planta con su posible consumo por parte de las personas enterradas.
Una tumba de 2.800 años escondía más de 1.400 semillas de cannabis
El descubrimiento se produjo en un monumental túmulo funerario situado en el valle de Uyuk, en la República de Tuvá, al sur de Siberia (Rusia).
El enterramiento pertenece a la cultura escita, un conjunto de pueblos nómadas de las estepas euroasiáticas conocidos por su habilidad como jinetes, sus conocimientos militares y sus extraordinarios trabajos de orfebrería.
La estructura funeraria, de unos 140 metros de diámetro, albergaba los restos de individuos pertenecientes a los sectores más privilegiados de aquella sociedad. Entre los objetos y materiales recuperados durante las excavaciones aparecieron más de 1.400 semillas de cannabis.
Los investigadores utilizaron técnicas de datación por radiocarbono para determinar la antigüedad de varias de estas semillas. Los resultados sitúan su depósito en la tumba a comienzos del siglo VIII antes de Cristo, hace aproximadamente 2.800 años.
Aunque la presencia de semillas de cannabis en enterramientos antiguos ya se conocía en diferentes regiones de Eurasia, este tipo de hallazgo no demuestra por sí solo que la planta se utilizara como sustancia psicoactiva. El cannabis también podía aprovecharse para obtener aceite, fibras textiles y otros materiales de uso cotidiano.
La verdadera importancia de este descubrimiento reside en otra evidencia mucho más reveladora.
El análisis del cabello humano revela rastros relacionados con el THC
Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación fue la posibilidad de estudiar cabello humano conservado durante casi tres milenios.
Los científicos analizaron varias muestras procedentes de la cámara funeraria central y encontraron señales químicas compatibles con el cannabinol (CBN), un compuesto relacionado con la oxidación del THC, principal sustancia psicoactiva del cannabis.
También identificaron señales más débiles cuya masa molecular era compatible con el propio THC.
Estos resultados constituyen una evidencia especialmente relevante porque permiten vincular los restos vegetales encontrados en la tumba con la posible exposición de los individuos enterrados a los componentes psicoactivos de la planta.
Según los investigadores, el análisis del cabello apunta a que aquellas personas utilizaron cannabis por sus propiedades intoxicantes.
Sin embargo, existe una limitación importante: los resultados no permiten determinar con exactitud cuánto cannabis consumieron ni de qué manera lo hicieron. No es posible confirmar si inhalaron el humo de la planta o si incorporaron sus compuestos mediante alguna otra vía.
Por tanto, aunque la investigación respalda el uso psicoactivo del cannabis, no permite reconstruir con absoluta certeza el método de consumo.
El cannabis formaba parte de antiguos rituales funerarios
El contexto arqueológico del descubrimiento ofrece otra pista fundamental para comprender el papel que desempeñaba esta planta en las sociedades escitas.
La tumba no era un enterramiento convencional. Se trataba de una estructura monumental asociada a personajes de elevado estatus social y a ceremonias funerarias de gran complejidad.
Los arqueólogos también han documentado restos de numerosos sacrificios de caballos alrededor del túmulo, así como huesos humanos dispersos que podrían estar relacionados con posibles sacrificios humanos.
En este contexto, la presencia de semillas de cannabis y las evidencias químicas encontradas en el cabello apuntan a una posible utilización ritual de la planta.
Una de las hipótesis es que el cannabis se empleara durante las ceremonias funerarias para provocar estados alterados de conciencia o formar parte de determinadas prácticas religiosas.
No obstante, los investigadores no han podido establecer exactamente qué función cumplía ni quiénes participaban en su consumo.
Lo que sí parece claro es que el cannabis tenía una presencia significativa en aquel contexto funerario y que su utilización iba más allá del simple aprovechamiento de sus fibras o semillas.
Los escitas y el uso ancestral del cannabis
Los escitas fueron pueblos de tradición nómada que ocuparon amplias regiones de las estepas euroasiáticas durante la Edad del Hierro. Su cultura se caracterizaba por una estrecha relación con los caballos, los desplazamientos por territorios extensos y unas prácticas funerarias especialmente elaboradas.
Su relación con el cannabis tampoco aparece por primera vez en este descubrimiento.
El historiador griego Heródoto, que vivió durante el siglo V antes de Cristo, describió algunas costumbres de los pueblos escitas relacionadas con el uso del humo de esta planta.
Según sus relatos, los participantes en determinadas ceremonias se introducían en pequeñas estructuras cubiertas y colocaban semillas de cannabis sobre piedras calientes para inhalar el humo producido.
Durante décadas, estas descripciones históricas fueron difíciles de contrastar con evidencias arqueológicas concluyentes.
Sin embargo, los descubrimientos realizados en diferentes enterramientos de Asia Central y, especialmente, las nuevas pruebas obtenidas en Siberia, permiten reconsiderar la fiabilidad de parte de aquellos testimonios.
La investigación actual añade una pieza importante a ese rompecabezas histórico: ya no se trata únicamente de semillas o recipientes asociados al cannabis, sino también de señales químicas compatibles con sus compuestos psicoactivos en restos humanos.
¿Es el hallazgo de cannabis más antiguo de la historia?
El descubrimiento de Tuvá ha sido presentado por sus investigadores como la evidencia directamente fechada más antigua conocida hasta la fecha del uso del cannabis por sus efectos psicoactivos.
No obstante, existen otros hallazgos arqueológicos que demuestran que esta planta tenía una larga historia de utilización en distintas regiones de Asia.
En 2019, un estudio publicado en Science Advances identificó residuos químicos de cannabis en braseros de madera recuperados en el cementerio de Jirzankal, situado en la región de los montes Pamir, en el actual territorio de China.
Aquellos objetos funerarios tenían aproximadamente 2.500 años de antigüedad. El análisis químico detectó compuestos relacionados con el cannabis en los restos de combustión, lo que permitió concluir que la planta se quemaba durante determinadas ceremonias funerarias.
También se habían documentado semillas de cannabis y recipientes con piedras quemadas en enterramientos de la cultura Pazyryk, en la región de los montes Altái.
La diferencia del nuevo descubrimiento es que combina dos tipos de evidencias: restos vegetales directamente fechados y rastros moleculares relacionados con el cannabis en cabello humano.
Esta combinación permite reforzar considerablemente la hipótesis de que la planta se utilizaba por sus efectos psicoactivos hace unos 2.800 años.
Un descubrimiento que puede cambiar la historia del cannabis
La investigación abre nuevas posibilidades para comprender cómo se extendió el cannabis por Eurasia y cuándo comenzó a utilizarse de forma deliberada por sus propiedades psicoactivas.
Hasta ahora, los arqueólogos tenían dificultades para reconstruir estos usos debido a que las hojas, las flores y las resinas de la planta se degradan con facilidad con el paso del tiempo.
La conservación excepcional de las semillas y del cabello humano en el enterramiento de Siberia ha permitido superar parcialmente ese problema.
Además, los científicos ya han comenzado a estudiar el ADN conservado en algunas de las semillas. Este trabajo podría aportar información sobre las variedades antiguas de cannabis, su evolución y los procesos históricos de domesticación y dispersión de la planta.
Por el momento, no se ha podido determinar si aquellos ejemplares habían sido seleccionados por presentar mayores concentraciones de THC o si procedían de poblaciones silvestres.
Lo que parece cada vez más evidente es que el conocimiento y aprovechamiento del cannabis tienen raíces mucho más profundas de lo que podría sugerir su historia reciente.
Hace aproximadamente 2.800 años, en las estepas del sur de Siberia, esta planta ya formaba parte de un universo cultural en el que los rituales funerarios, las creencias y las sustancias capaces de alterar la conciencia estaban estrechamente relacionados.
Un descubrimiento que demuestra que la historia del cannabis es mucho más antigua, compleja y sorprendente de lo que imaginábamos.
Referencias:
Max Planck Institute of Geoanthropology: Cannabis was used as an intoxicant as early as 2,800 years ago.
Reuters: Siberian burial site reveals ancient use of cannabis as an intoxicant. Información sobre la investigación y los hallazgos arqueológicos.
Science Advances: The origins of cannabis smoking: Chemical residue evidence from the first millennium BCE in the Pamirs. Investigación científica de 2019 sobre el uso ritual del cannabis hace 2.500 años.